Queremos ser más felices, y para ello, debemos tener el valor para pasar a la acción, ¿quieres? Para que podamos conseguir un mayor grado de felicidad es necesario satisfacer nuestra Carta a los Reyes Magos y para ello piensa en qué podrías hacer para cumplir los factores que listaste, y responde con sinceridad qué pequeñas (o grandes) acciones crees que deberías realizar.

Entendemos por cambios aquellas acciones con las que nos comprometemos y que nos hace encaminarnos hacia encontrarnos mejor. Al igual que los factores, son personales y serás el responsables de trabajarlos día a día para conseguir ser más feliz. Para apoyarte en estos cambios, trabajaremos algunas herramientas que te ayudarán para que alcances todos tus objetivos.

Gestor de cambios

Los componentes principales, que se deben incluir para que gestiones todo cambio de forma efectiva, son los siguientes:

  • Descripción: una frase que detalle el cambio y que deberá resultar lo más concreta, objetiva y medible.
  • Objetivo: la meta deseada. Posteriormente trabajarás otra herramienta, el Gestor de Metas, que servirá para definirla mejor.
  • Escenarios u opciones: normalmente son varias las posibilidades que existen, así que indica las distintas maneras o caminos para conseguir el objetivo. Será necesario que comprendas para cada opción todos los obstáculos y ayudas que puedan aparecer. Más adelante, también trabajarás la herramienta Generador de Perspectivas, que te servirá para analizar en detalle las distintas acciones o tareas a incluir en cada escenario.
  • Fecha: momento en el que te comprometes a tener el cambio finalizado o concluido.
  • Premio: de forma opcional es posible incluir una recompensa que se materializará al conseguir el cambio.
  • Recordatorios: aquellas cosas con las que tendrás presente el objetivo y las distintas tareas marcadas. Por ejemplo, una hoja de papel autoadhesiva o un recordatorio en el teléfono móvil o agenda.

Escalar.Nada mejor para entender esta herramienta que un ejemplo que he trabajado en algunas ocasiones. Supongamos que una persona quiere subir de un seis a un siete su quesito de la salud, y se compromete a mejorar su forma física bajando de 80 a 75 kilos (objetivo concreto y medible), para en cinco meses (fecha determinada) tener el estado físico deseado. Para ello se plantea las siguientes opciones:

  • Asistir a un gimnasio cercano a casa al menos dos veces por semana.
  • Acudir a un dietista o coach de alimentación, e intentar mejorar la alimentación, quizás utilizando algún método novedoso como la alimentación intuitiva, en donde aprendamos a interpretar las señales del cuerpo.
  • Rebajar la última comida del día, cenando algo ligero.

Se pesará cada semana, y lo apuntará en un post-it (recordatorio). Cuando consiga su objetivo, se regalará un buen libro (premio).

En este caso, podrán ser varias las opciones a seleccionar, pero habitualmente serán exclusivas y será necesario meditar el coste de oportunidad. Para el ejemplo anterior, supón que se selecciona la primera opción, y ahora se enumera el conjunto de acciones que lleven al éxito. Estas serían algunas de las alternativas posibles:

  • Sin contemplar ningún tipo de excusa, salir el martes pronto de la oficina para ir al gimnasio.
  • Reservarme la mañana del domingo para ir a primera hora, y luego disfrutar un poco de la sauna.
  • Hacer un seguimiento del peso cada semana, y comprobar que disminuye de forma progresiva.

Utilizará la agenda personal para apuntar las fechas en las que asistirá al gimnasio (otro recordatorio).

Gestor de metas

Establecer los objetivos correctamente es crítico para alcanzarlos o no. Es importante que tengas en cuenta las cualidades de una buena meta. Si una meta no es realista, no existe ninguna esperanza, pero si no es desafiante, no hay motivación. La palabra inglesa SMART (inteligente) es un buen truco mnemotécnico para recordar las características esenciales de todo objetivo: específicos (Specific), medibles (Measurable), alcanzables (Achievable), realistas (Realistic) y limitados en el tiempo (Time phased). Para comprender mejor nuestro cambio, puedes hacerte las siguientes preguntas:

  • Específicos: ¿sé al detalle lo que deseo lograr? Nada de ambigüedades. Los objetivos serán adecuados y claros si otra persona igualmente competente puede alcanzar el mismo objetivo.
  • Medibles: ¿soy capaz de evaluar mi progreso? Recuerda que no podrás conseguir lo que no puedas medir. Debes ser capaz de medir el cumplimiento de tu objetivo, ya sea con un potente ordenador o con un gráfico lleno de chinchetas colgado en la pared.
  • Alcanzables: ¿puedo conseguir el objetivo en mi actual situación? Es recomendable que sea todo un reto, pero tienes que poder conseguirlo con los medios que tienes a tu alcance.
  • Realistas: ¿es el objetivo relevante frente a mi propósito en la vida? No hay que despegar nunca los pies del suelo. Sin duda hay muchas cosas que se pueden hacer, pero es más importante saber si se deben hacer.
  • Limitados en el tiempo: ¿qué plazo tengo para completar esta meta? Hay que elaborar una línea del tiempo donde vayan marcadas las etapas para llegar al objetivo. Más adelante, el Visualizador de la línea del tiempo te ayudará en esta tarea.

Las metas deben ser enunciadas de un modo positivo, ya que, de otra forma, centras la atención en lo negativo. Por ejemplo, en vez de decir: «no debo suspender el examen», es más efectivo que afirmes: «quiero aprobar el examen». Es esencial tener en cuenta que sueles conseguir aquello en lo que te concentras. Por ejemplo, si enfocas tu atención en el miedo al fracaso, eso mismo es lo que conseguirás. Hay que centrarse en lo que quieres y no en lo que no quieres. Una forma muy efectiva de cambiar el foco de atención es variando el tipo de preguntas que habitualmente te haces. Para establecer metas expresadas en positivo, pregúntate, ¿qué es lo que quiero?, ¿qué quiero en lugar de lo que tengo? o ¿qué preferiría tener?

Los objetivos tangibles como por ejemplo, «quiero un nuevo trabajo» o «deseo un coche nuevo», etc., son fáciles de especificar. Sin embargo, cuando los objetivos son abstractos o intangibles, como por ejemplo, «quiero mejorar mis relaciones», o «quiero ganar más dinero», no resultan tan evidentes. Por tanto, asegúrate de que tu objetivo sea lo más específico posible. Por ejemplo, si tu meta consiste en tener más confianza en ti mismo, significa que puedes hablar en público durante diez minutos sin que te entren sudores fríos y pases la noche anterior sin poder dormir de los nervios. Utiliza preguntas como: ¿qué es exactamente lo que quiero? ¿Puedo describirlo con mayor precisión? ¿Qué veré, oiré y sentiré exactamente cuándo lo alcance? ¿Cuánto tiempo necesito para alcanzarlo? ¿Cuándo quiero alcanzarlo?

Asimismo, es importante definir de antemano algunos indicadores de seguimiento, es decir cómo medir el progreso en la consecución de tus objetivos. Así que decide: ¿cómo voy a medir mi progreso hacia mi objetivo? ¿Con cuánta frecuencia lo mediré? ¿Cuándo y cómo sabré que lo he alcanzado?

Si no consigues el objetivo a tiempo, es posible que te sientas desbordado por la desesperación, y pienses que te propones cosas imposibles. Retoma la paciencia y evalúa lo que no estás haciendo bien para poder generar nuevas opciones, o simplemente piensa si necesitas más tiempo del previsto.

Vamos al capítulo 8… Gestionando los cambios. O vuelve al índice.



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